Alfredo Figueroa sostiene que México sí necesita una reforma electoral, pero una que fortalezca la democracia y no al poder hegemónico. Su propuesta pone en el centro las primarias abiertas, el fin de la sobrerrepresentación, una mejor fiscalización de recursos y el combate al llamado “secuestro de la boleta”, para que no sean las cúpulas partidistas quienes decidan quién llega a la elección constitucional.