Jacobo Dayán explica por qué hablar de crímenes de lesa humanidad en México no es un exceso retórico, sino un cambio de escala jurídica y política. Su argumento central es que la crisis de desapariciones no puede leerse como un problema aislado ni partidista, sino como un problema de Estado atravesado por colusión entre agentes estatales y crimen organizado, con ejemplos en Tabasco, Veracruz, Nayarit y el caso del huachicol fiscal.