Alfredo Figueroa analiza la nueva reforma electoral enviada al Senado y sostiene que su punto más delicado no está en la austeridad legislativa, sino en abrir la puerta para que Claudia Sheinbaum pueda promoverse durante campañas y convertirse en la “gran electora” de 2027 o 2028. En su lectura, ese cambio rompería con la lógica que buscó contener la intervención del Poder Ejecutivo en los procesos electorales y significaría un retroceso autoritario.